Los 9 errores garrafales que cometía cuando creía que estaba comiendo bien y sano

No es tan fácil como parece saber qué nos conviene y qué no a la hora de alimentarnos bien y mantener un peso saludable.

Hay toda una industria vendiéndonos “soluciones” que tienen la promesa de darnos buenos resultados con el mínimo esfuerzo por nuestra parte. Tentador.

También los médicos convencionales con su poca formación en dietética hacen mucho daño recomendando a sus pacientes el uso de edulcorantes artificiales, dietas hipocalóricas o bajas en grasas que casi nunca funcionan. Frustrante.

Hay mucha información y muchas veces es contradictoria. Realmente es muy fácil caer en errores y confusión en lo que concierne a la alimentación.

Mis grandes errores en cuanto a alimentación analizados uno por uno

Hoy os traigo una entrada bastante personal.

Miro años atrás y pienso… ¿Cómo podía hacerme eso? ¿Cómo podía creen en eso? Pero de verdad creía que lo estaba haciendo bien, solo que quizás mi metabolismo era lento o algo así.

Siempre he tenido tendencia a tener kilitos de más y siempre he tratado de luchar contra ellos. Hacía todo lo que comento abajo y no conseguía mantener un peso estable… ¡y me preguntaba por qué!

Hoy comparto esta lista contigo para darte que pensar. Espero que no estés haciendo los mismos errores que yo hacía. Quizás tienes algunos de los puntos claros pero picas en otros. Te animo a que te sirva de guía para indagar más y tomar mejores decisiones alimenticias. ¡Vamos allá!

Error #1 – Consumir productos “Light”

Los alimentos “light” o “bajos en grasas” no son tus aliados en la pérdida o el mantenimiento del peso. Olvídate. Los productos “light” solo están ahí por razones de puro marketing que benefician a las empresas que los producen y los comercializan, pero no a ti ni a tu salud.

Yo estuve muchos años subida al tren de lo “light” y buscaba estas etiquetas “light” en los quesos, en los yogures, en el cacao en polvo que entonces me encantaba tomar, y peor aún, en los alimentos procesados listos para colocar en el microondas y consumir.

La realidad es que la grasa de los alimentos en el paladar produce satisfacción y placer, hace que los alimentos nos sepan ricos y sabrosos. Un queso, pongamos, al que le han sacado la grasa nos sabrá horrible. Por esta razón a los productos “light” se les saca la grasa pero se reemplaza por una bomba de azucares y químicos para añadir artificialmente el sabor que les han robado.

Conclusión: te merece más la pena consumir productos con toda su grasa de forma moderada que consumir productos con la promesa “light” que están totalmente desnaturalizados y contienen aún más tóxicos.

Error #2 – Huir de las grasas (todas) como de la peste

En mi cabeza todas las grasas eran malas. La grasa era esa enemiga a la vuelta de la esquina que había que evitar a toda costa. La causante de todo michelín, y subida de peso.

Ni había entendido la diferencia entre grasas saludables y no saludables, ni tampoco que la grasa en la alimentación es fundamental para poder perder grasa corporal, y tampoco había caído en la cuenta que cierta cantidad de grasa en nuestros platos es esencial para alcanzar la sensación de saciedad y sentirnos reconfortados.

Conclusión: No temas a las grasas. Tus grasas amigas son el aceite de oliva virgen crudo, el aceite de coco de presión en frio, grasas Omega 3, los aguacates, las semillas, los frutos secos. Las grasas que si que deben ser mínimas en tu dieta son las que provienen de las margarinas y grasas trans, bollería industrial, fritangas callejeras, carnes procesadas y comida rápida.

Error #3 – Consumir productos “sin azúcar” y usar sacarinas y aspartamos

De todos los errores este es el que más me duele. Me duele porque escuchaba referencias aquí y allí sobre los efectos nocivos de los edulcorantes artificiales pero hacia oídos sordos, no quería saber. Poder consumir cosas  de sabor dulce “sin engordar” era para mí más importante en aquella fase que mi propia salud.

Podría escribir un artículo entero sobre estos edulcorantes y me lo apunto para hacerlo en el futuro. Estos productos son aún peores que el azúcar refinado y el jarabe de maíz. Empeoran la sensibilidad a la insulina, favorecen irónicamente el  aumento de peso, y aumentan las posibilidades de sufrir diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y derrame cerebral.  También ha sido probado en animales que causa varios tipos de cáncer. Por favor no me creas a mí, haz tu propia investigación. Pero no cierres los oídos como yo hice.

Conclusión: No te enganches a estos productos. Disfruta del dulzor natural de tus jugos hechos en casa, de la fruta fresca, de las verduras redondas como la remolacha, calabazas, boniatos, de las frutas disecadas. Y cuando necesites añadir más dulzor apuesta por la stevia (natural), el azucar de coco, las melazas de calidad, y el sirope de arce.

Error #4 – Consumir proteínas animales en exceso “para no engordar”

Con tanto boom por parte de dietas Atkins, Dukan y demás dietas hiperprotéicas es fácil caer en la tentación de consumir carne (y/o pescado) desmesuradamente para bajar o mantener el peso.

Y lo cierto es que estas dietas funcionan, al menos a corto y medio plazo. Básicamente funcionan hasta que tu organismo está tan saturado de  toxinas y tan acidificado que empiezan los problemas secundarios como piedras en el riñón, reflujo gástrico y otros.

Conclusión: Estaba enganchada a este tipo de dietas que me “funcionaban”.  A día de hoy sé mucho más sobre la calidad de las proteínas vegetales y donde encontrarlas: legumbres, espinacas, col rizada, semillas de chía y de cáñamo, espirulina para mis batidos, etc. No me baso en dietas para “perder peso”, sino en nutrición equilibrada como regla general para cada día de mi vida.

Error #5– Hiper cocinar las verduras y consumir pocos alimentos crudos

Cuando decides empezar una dieta o empezar a comer mejor lo primero que te viene a la cabeza es que debes comer más verduras. Y esto es cierto 100%. Sin embargo hay muchas formas de consumir y de cocinar las verduras. Y la diferencia importa. ¡Importa mucho!

En aquellos tiempos yo hervía la verdura hasta dejarla muerta, o hacia pistos super cocinados donde las verduras acababan medio derretidas. No entendía la importancia y el placer de cocinar las verduras “al dente”.  Además consumía pocas frutas o verduras crudas y los batidos verdes caseros aún no estaban de moda. Pero comía verdura, sí, y creía que lo estaba haciendo bien.

Conclusión: Deberíamos consumir al menos un 50% de alimentos crudos en nuestra dieta, en todas las formas posibles para evitar aburrirnos. Los alimentos crudos nos aportan fibras, enzimas digestivas, minerales y nutrientes en estado puro y  el organismo se beneficia increíblemente de todos ellos. Nos sentiremos más energéticos, felices, despiertos, saciados y favoreceremos la regulación de nuestro metabolismo y nuestro peso corporal.

Error #6– Tomar sal de mesa refinada en lugar de sal natural de calidad

En aquella época compraba la sal más barata del supermercado y me quedaba tan ancha. Veía las sales más sofisticadas como tonterías gourmet que eran bonitas y tal, pero me parecian innecesarias. Esa sal acababa en todos mis platos y era evidentemente también la sal que consumía cuando comía fuera o compraba comida procesada.

Lo cierto es  que la sal de mesa (o sal común) contiene solo 2 elementos: cloruro y sodio, por ello su nombre químico es cloruro de sodio. Las sales de calidad como la sal del Himalaya o la sal cética tienen aproximadamente 84 minerales, dependiendo de la procedencia y el proceso utilizado.

En este artículo de mi blog puedes profundizar más sobre las sales refinadas y las sales naturales y sus características y beneficios.

Conclusión: Mientras que la sal de mesa refinada es un veneno que hace más mal que bien, la sal del Himalaya (por ejemplo) contribuye a que nuestro cuerpo reciba casi todos los minerales que necesitamos, con todas las implicaciones positivas que esto tiene para la salud de nuestras células, huesos, músculos, etc.

Error #7– No beber suficiente agua

Este punto esta relacionado con el punto #3. Consumía sodas “light” o zumos procesados de supermercado y creía que ya estaba consumiendo mi parte de líquido diario necesario. También consumía cafés con sacarinas, aguas saborizadas con químicos y edulcorantes artificiales. Pero agua pura apenas nunca bebía.

Si alguien me hubiera dicho que podía estar deshidratada no lo hubiera aceptado.

En este post del blog te explico con detalles sobre la importancia de mantenernos bien hidratados y las posibles consecuencias de no tomar suficiente agua.

Conclusión: hay que cortar de una vez con la promesa “light” y con bebidas industriales llenas de azúcar y químicos para dar sabores. Necesitamos (¡mínimo!) 2 litros de agua pura diarios. Otras bebidas maravillosas son los tés verdes, los caldos depurativos, los jugos recién exprimidos naturales, y los batidos de frutas y verduras caseros.

Error #8– La trampa de contar calorías

Pensar en calorías te puede llevar a comprar productos procesados que prometen ser “bajos en calorías” y creerte que haces una decisión correcta. Pensar en calorías también puede animarte a que te des un capricho de 400 calorías (trozo de tarta, por ejemplo) y decidas que no vas a cenar para compensar. Pensar en calorías puede llevarte a ejecutar una dieta sin grasa en la que estas siempre hambrienta y malhumorada. Yo hacía todo eso.

Como dicen esas frasecitas de Facebook que ruedan por ahí: “contamos demasiadas calorías y pocos químicos”. Es cierto. Personalmente creo que la teoría de las contar calorías está obsoleta y además hace mucho daño.

Conclusión: Elige productos lo más cerca de su estado natural posible, lo menos procesados posible, con los menos aditivos añadidos posible. Ese es tu metro infalible. Cocina más en casa. Come más alimentos vivos y crudos. Deja de hacer números con las calorías, casi nunca te van a salir las cuentas.

Error #9– Utilizar el microondas

La verdad es que hace ya muchísimos años que no tengo microondas en casa. Conocía como destruye el valor nutricional de nuestros alimentos y no quería uno para mí. Sin embargo si que usaba el microondas del trabajo para calentar mi comida a mediodía (a menudo colocando directamente mi tuper en el microondas… ¡arrrghh!).

A día de hoy el microondas está 100% fuera de mi casa y de mi vida. Vale, me arriesgo cuando como en un restaurante, no lo puedo saber. Mis razones principales son la radiación que causan y la alteración molecular que se produce en los alimentos cocinados o calentados, y estos alimentos desnaturalizados y radiados pasan a formar las células de nuestro organismo.  Y puedes despedirte de los nutrientes y la vitalidad que había en tu plato de comida. Ciao.

Conclusión: hazte un favor y tira esa máquina. No la necesitas. Calentar la comida es muy fácil y no cuesta nada. Y si estás en el trabajo, pues te puedes acostumbrar a comer tu tuper a temperatura ambiente. No es tan grave. Te acostumbrarás y no destrozarás los nutrientes de tu comida. Yo lo he hecho.

Y tú, ¿qué errores cometes en tu alimentación? ¿Los has identificado? ¿Has decidido ya dejar de caer en trampas comerciales? ¿apuestas ya por la alimentación natural como base en tu vida? Te animo a que dejes tu comentario más abajo y a que compartas esta entrada si te ha gustado.

Un saludo,

 
Cristina

8 comentarios en “Los 9 errores garrafales que cometía cuando creía que estaba comiendo bien y sano”

  1. El 5 es el que más se me resiste aún, aunque confío en que algún día le cogeré el gustillo a las verduras menos cocinadas jejejeje. Y en el último… soy como tú, ¡fuera el muertehondas! Lo tengo pero de adorno, no caliento ya ni el agua para las infusiones vaya Jajajaja. ¡Gracias por compartir Cristina! Excelente como siempre 🙂 Un abrazote gigantesco

    1. Hola Lorena, muchas gracias por tu visita y tu comentario. Me alegro que seas de las mias 😀 Esa maquina la fabricó el diablo, yo creo 🙂 ¿Y no has probado con los batidos verdes o los gazpachos? es una opcion genial para tomar las verduras crudas sin darte ni cuenta. Gracias por tu apoyo guapa, otro abrazo grande para ti!
      Cristina

  2. Felicidades por este artículo, Cristina.

    Me encanta cómo escribes y lo claro que lo explicas.

    Por suerte yo no caía en la mayoría de estos errores. Como no quería comer cosas light, contar calorías, ni estar mirando lo de las grasas, simplemente pensaba que no era posible adelgazar y nunca he hecho ninguna dieta. Fue con el cambio de alimentación a todo lo que cuentas que me adelgacé 25 kg sin pasar hambre. Y sigo con esta alimentación.

    Agua he bebido siempre mucha. Tanta que la gente se ríe de mi y todo. En verano hasta 4 litros. 😮

    De lo que comentas, precisamente el otro día iba comprar sal (que si compro una vez al año ya es mucho) y no la compré porque había oído algo de que no era muy saludable y quería informarme antes. Total, para la que gasto vale la pena pagar un poco más. Gracias por el consejo.

    Un abrazo!

    1. Hola Sandra, ¡muchas gracias por tu apoyo! La verdad es que estás estupenda y me alegro que hayas encontrado tu forma de alimentarte que va contigo. Yo también estoy ahora muy estable en mi peso, y además con buenos niveles de energía. Nada como aprender y saber elegir, y no dejarnos llevar por toda esa basura de productos buscando nuestro bolsillo 🙂 Y la sal (natural) sí, es super importante, pronto llegará un post justamente sobre eso, es la electricidad de nuestro cuerpo y se merece un post aparte 😉
      Un abrazo,
      Cristina

  3. Hola Cristina!

    Acabo de conocerte y me ha encantado este post. Me siento muy muy en sintonía con todo lo que dices. Yo también soy de las que rechaza los productos light.
    Para mí light automáticamente signfica más químicos y cosas raras para que tenga el mismo sabor que el producto REAL.

    Lo que sí que por fin me has desvelado es la diferencia entre la sal de Himalaya y la normal. Mira que en casa tengo las 2 y no sabía cuando usar una o la otra. Ahora ya sé que mejor me quedo solo con una, jeje ?

    Finalmente mi gran error sigue siendo usar el microondas. OJalá algún día pueda tirarlo o vivir en un piso que no lo lleve incorporado. Vivo con mi pareja y él sí que es muy fan, pero después de leerte hoy, voy a empezar a dejarlo de lado.

    Un abrazo,

    Anna.

    1. Hola Anna, que te voy a contar… ¡estoy encantada de haberte encontrado! 😀 Los productos light son un timo total, sin duda, aunque ya no se usa casi esa papabra, ahora te los venden bajo otros términos “bajo en grasas” y bla bla y otras lindezas, que es más de lo mismo en verdad.
      En cuanto a la sal tengo un post completo sobre este tema en el blog 😉 https://tallerdesalud.com/sal-mejor-marina-himalaya-refinada/ Para mí es super importante el tema de la sal.
      Y ahora sí que tengo microondas, porque venía incorporado con la casa, pero está muerto de risa… si escondo ahí un muerto nadie lo descubre jiji. En verdad lo del microondas fue manía que le cogí viviendo en Grecia (que estuve allí 8 años), y para los griegos es como una máquina infernal jejejej.
      Un abrazo, 🙂
      Cristina

  4. Jolin Cristina, alucino con todo lo que leo. Creo que peco en todas, pero especialmente en lo de los productos light y en la pesadilla del micro.

    Voy a tener que empezar a aplicarme el cuento de todos los tips que das en tu blog :___ Un abrazo, me encanta como escribes y todo lo que sabes sobre alimentación (yo soy nula para este tema).

    Muakk

    1. Hola Maggie, gracias por tu visita y tu comentario 🙂 Me alegra que te haya gustado el post y el estilo con que cuento mis aventuras y desventuras con la alimentación, jejeje, he pasado por muchas fases, ya te digo… 😀 Pues anímate a ir dejando de lado esos productos supuestamente light, y el microondas, que ya sé que no es fácil cambiar los hábitos, pero compra a compra y comida a comida se van creando hábitos nuevos 🙂
      Un abrazote,
      Cristina

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