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Entrevista a Cristina Hortal, ex paciente de espondilitis anquilosante: “Ahora tengo la llave de mi salud”

Cristina Hortal es coach de transformación personal desde cristinahortal.com, emprendedora, bloguera, escritora de varios libros sobre la importancia de serte fiel a ti misma, y además también es ex paciente de espondilitis anquilosante. Una enfermedad crónica y debilitante para la que no hay cura conocida.

Me crucé de casualidad con un retazo de la experiencia de superación de Cristina con esta enfermedad y sentí la necesidad de conocer más. Sinceramente no había oído hablar sobre la espondilitis anquilosante con anterioridad.

Le propuse a Cristina Hortal participar con su testimonio en mi blog y muy amablemente acepto compartir su historia. Es un gran placer contar con sus palabras y con el valioso mensaje que nos regala . Te garantizo que no te vas a dejar indiferente.

Breve introducción a la Espondilitis Anquilosante

  • Enfermedad reumática crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral y otras articulaciones como hombros, caderas, rodillas y tobillos.
  • Las articulaciones tienden a soldarse entre sí, provocando una limitación de la movilidad.
  • La inflamación continua de la columna vertebral hace que vaya perdiendo poco a poco flexibilidad y con el paso del tiempo puede quedarse rígida completamente.
  • Evoluciona produciendo brotes o ataques de inflamación de las articulaciones.
  • Entre ataque y ataque el paciente queda sin síntomas de dolor y puede mantener una actividad cotidiana normal.
  • 7 Casos nuevos por cada 100.000 habitantes al año en España.
  • Aparece más frecuentemente en varones entre los 20 y los 30 años, siendo menos frecuente en mujeres y más leve.
  • No se sabe exactamente que produce la espondilitis anquilosante, pero se cree que la genética juega un rol en favorecer la aparición.
  • No existe ningún tratamiento capaz de curar definitivamente la enfermedad. Sí existen una serie de medicamentos y técnicas de rehabilitación con el propósito de aliviar el dolor y permitir una mejor movilidad, con objeto de lograr una mayor calidad de vida.

Entrevista con Cristina Hortal y su testimonio de sanación natural de Espondilitis Anquilosante

Se llama Cristina Hortal, es de Barcelona y tiene 34 años.

Trabajaba como integradora social hasta que vivió el punto de inflexión que nos menciona en la entrevista.

Se fue un mes a hacer el Camino de Santiago a reflexionar y regresó con una vida nueva: dejó a su pareja y decidió dejar el sector social y hacer un proyecto propio a su medida centrado en el desarrollo personal. También inició una familia y se mudó de lugar de residencia. Todo en muy poquito tiempo.

Te comparto aquí debajo un vídeo de Cristina Hortal explicando su historia con la espondilitis anquilosante y su recuperación, y más abajo puedes leer la entrevista que yo misma le realicé… ¡Que la disfrutes!

(Yo)- De la espondilitis anquilosante no se conoce la causa real, pero se estima que puede haber un factor de predisposición genética. ¿Hay en tu familia personas a las que se les haya diagnosticado la enfermedad o tengan síntomas similares?

(Cristina)- No, de hecho, nunca había oído nada acerca de esta enfermedad.

(Yo)- ¿Cómo comenzó todo? ¿Cuáles fueron tus síntomas y como evolucionaron?

(Cristina)- Empecé a sufrir algún brote de dolor agudo ocasional alrededor de los veinte años, haciéndose más frecuente e intenso a los 21, momento en que empecé a entender que algo estaba ocurriendo.

Los dolores consistían en una especie de latigazos en la zona baja de la espalda, rigidez, entumecimiento y calambres en las piernas. Si el dolor era muy intenso apenas podía respirar, ni mucho menos moverme. Me limitaba especialmente en el movimiento de oscilación del peso del cuerpo de una pierna a la otra. Así pues, caminar se hacía imposible.

El dolor era incapacitante y me asustaba mucho.

Los médicos (me visitaron varios, genéricos y especialistas) sólo detectaban una lumbalgia común, que empezaron a llamar “crónica”.

Al pasar de los años fue convirtiéndose en un verdadero problema: me limitaba a menudo en muchas actividades cotidianas.

Me sentía impotente porque no sabía lo que me ocurría.

(Yo)- ¿Cuándo te fue diagnosticada la enfermedad? ¿Cómo cambió tu vida tras
el diagnóstico?

(Cristina)- A los 27 años seguía sin diagnóstico claro hasta que sufrí repentinamente un dolor insoportable en los ojos. Me diagnosticaron uveítis (una inflamación grave de la córnea) y me informaron de que era probable que existiera alguna enfermedad detrás que la estuviera provocando.

Después de varias pruebas y visitas confirmaron el diagnóstico “definitivo”: espondilitis anquilosante.

Finalmente, tenía explicación mi dolor. Sentí un alivio inicial y pensé que por fin tendría la solución que necesitaba.
Me asignaron un reumatólogo y un oftalmólogo (ya que lo de los ojos también sería recurrente a partir de entonces) e inicié un circuito bastante agotador de visitas, pruebas y tratamientos.

Mi enfermedad ocupaba cada vez más espacio en mi vida (física, social y emocionalmente).

En mi caso, el diagnóstico alimentó más mi enfermedad que mi salud.

(Yo)- ¿Qué tratamientos convencionales realizaste? ¿Cómo respondiste
clínicamente a estos tratamientos?

(Cristina)- Ya me advirtieron de que el tratamiento sería únicamente paliativo; no había cura. Se trataba de una enfermedad crónica que tendía a empeorar con el tiempo.

Me cambiaban la medicación a menudo probando mi reacción.

No tenía apenas mejora y me fueron asignando una medicación cada vez más agresiva. Lo últimos tratamientos que estaba tomando eran corticoides y un tratamiento biológico inyectable. Los efectos adversos no paraban de multiplicarse y, entre unas cosas y otras, estaba todo el tiempo metida en la consulta del médico.

En resumen, me sentía cada vez más enferma. La verdad es que el tratamiento no me aliviaba apenas y sí me producía molestias como fiebre, diarreas y colesterol.

(Yo)- ¿Cómo llegaste a la determinación de buscar un tratamiento natural a tu
enfermedad? Y la pregunta más importante, ¿En qué consistió el tratamiento
no convencional que consiguió liberarte de la espondilitis anquilosante?

(Cristina) – A los dos años aproximadamente de estar en tratamiento, sencillamente lo dejé todo. No volví a aparecer por el médico y suspendí toda clase de tratamiento.

Como digo, era un proceso que me estaba desgastando y lo zanjé.

No fue fácil, me daba miedo y a mí alrededor no lo entendieron.

En todo caso, no empeoré, de hecho, mejoré un poco. Me hice más cargo de mi estilo de vida en general (hice ajustes en mi alimentación, hacía más ejercicio regular y empecé a cuidar de mis emociones entendiendo ya que tenían relación con mi salud).

Durante los siguientes dos años y medio, más o menos, pasé la mejor época hasta entonces desde que aparecieron los síntomas. Los brotes no eran tan fuertes ni tan seguidos, y me acostumbré a utilizar algún remedio sencillo y natural que me resultaba bastante efectivo (aplicar calor en la zona y técnicas de relajación y sugestión).

Sin embargo, seguía sufriendo brotes de dolor incapacitante con cierta periodicidad.

Entonces a los 32 años, hace ahora casi tres años, hubo un punto de inflexión determinante.

Y no fue algo que hice. Fue una toma de conciencia. Fue un cambio de percepción.

Un cambio de dentro que se manifestó fuera, en mi cuerpo y en mi salud.

Hasta ese momento, comprendía la relación entre mi enfermedad y la existencia de conflictos emocionales sin resolver. Pero no acababa de comprender dónde estaba exactamente el problema ni mucho menos cómo “arreglarlo”.

En febrero de 2014 sufrí una crisis vital: (todo pareció fallar) viví conflictos con mi pareja, amigos y familia, me quedé sin trabajo y, por supuesto, me dio un brote de dolor que me tuvo en cama sin poder apenas moverme en varias semanas).

Eso me sumergió en el fondo del pozo de tal manera que la única dirección posible era hacia arriba.
Vi claramente cómo me enfermaba con mis emociones tóxicas.

Desde la desesperación, tomé la profunda determinación de llegar al fondo de la cuestión y de comprender ese mecanismo. Haría lo que hiciera falta.

En este artículo explico en detalle ese proceso de cambio de una forma personal; no sólo desde la óptica de la enfermedad, sino como un nuevo modo de enfocar mi vida en todos los aspectos. (ver artículo:“Mi gran decisión – Parte 1” de Cristina Hortal).

Pero, a grandes rasgos, fue una decisión inquebrantable de hacerme cargo de mi vida lo que sanó mis peores conflictos internos. Esto, de manera natural y rápida, me llevó a una sucesión de decisiones “impulsivas” que desencadenaron cambios estructurales en mi vida en muy poco tiempo.

Cuando quise darme cuenta, la enfermedad y sus síntomas, se habían desactivado.

Sé que suena a magia, y no tengo todas las explicaciones científicas. Sólo tengo la experiencia.

(Yo)- ¿Consideras que tu enfermedad está sanada? ¿Han cesado completamente
los síntomas?

(Cristina)- Lo cierto es que nunca volví al médico ni me he hecho ninguna prueba. Algunos dirán que no puedo demostrar que estoy curada.

La verdad es que no me importa en absoluto lo que pueda decir una prueba (no tengo ni idea de lo que saldría, quizá me la haga algún día por pura curiosidad).

El indicador en el que me baso es mi calidad de vida. Yo sé cómo he vivido y sé cómo vivo ahora.

En los últimos tres años únicamente he tenido algún pequeño atisbo de dolor en dos o tres ocasiones que ha remitido casi de inmediato. Hago una vida completamente normal.

Antes de eso, el dolor era recurrente y era impensable transcurrir una semana entera sin dolor. En mi peor época, estaba paralizada por el dolor la mayor parte del tiempo.

(Yo)- ¿Cómo te sientes hoy por hoy?

(Cristina)- Para mí estoy curada.

Aunque en realidad lo diría de otro modo:

Ahora tengo la llave de mi salud. Puedo volver a recaer en mis patrones de pensamiento y conducta y somatizar de nuevo, es cierto. Pero ahora tengo el mapa que me indica el camino de regreso a mi vida saludable y un firme compromiso de responsabilizarme por completo de ella. Y no miro hacia fuera buscando respuestas que sólo tengo yo.

Resumiendo, mi tratamiento es el siguiente:

Aplico altas dosis de coherencia en cada decisión que tomo. Hago lo que quiero hacer y cómo lo quiero hacer y, si detecto que me he movido en algo por la necesidad inconsciente de complacer a otros, sencillamente, lo detengo y me reconduzco.

Eso también me ha llevado a emprender caminos que me daban miedo, pero que el corazón me pedía, como mi proyecto online de desarrollo personal. (Visita la web de Cristina: CristinaHortal.com)

(Yo)- ¿Qué mensaje te gustaría pasar a todas las personas que padecen hoy
espondilitis anquilosante (y a sus familiares)?

(Cristina)- Verás, le haría estas preguntas:

¿Qué beneficios ocultos estás obteniendo de estar enfermo?

¿Te molesta esta pregunta y, quizá esta entrevista en general?

Si es así, es porque estás identificado con tu enfermedad y una parte de ti se aferra a ella.

Es observando conscientemente y sin juicio ese vínculo de amor-odio que tienes con ella, que podrás abrir la primera grieta. Empezará a resquebrajarse así ese “conducto” por el que le cedes tu poder a la enfermedad.

Sé cómo te duele, créeme, lo sé bien. Pero también sé que puedes liberarte.

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Si te has quedado con ganas de conocer mejor a Cristina puedes leer más sobre ella aquí

Sin duda su propia experiencia personal de superación la dota de muchos recursos para ayudar a otras personas que necesiten hacer procesos de cambio importantes en sus vidas.

Me encantaría que me dijeras en el hilo de comentarios más abajo cómo te has sentido leyendo y descubriendo el testimonio de Cristina. Ojalá pueda ayudar e inspirar a muchas personas que se encuentran en una situación similar.

(También te invito a leer el caso de Mª José Nieva y cómo superó La Esclerosis Múltiple, publicado en este blog.)

Un saludo,

Cristina

52 comentarios en “Entrevista a Cristina Hortal, ex paciente de espondilitis anquilosante: “Ahora tengo la llave de mi salud””

  1. Gracias, Cristina, por ayudarme a propagar el mensaje que encierra mi experiencia personal: El cuerpo no va por separado de todo nuestro ser, y acaba reflejando la toxicidad a la que lo sometemos a través del sufrimiento y hábitos insanos.
    Las emociones importan, y mucho. Abrazos.

    1. Mil gracias a ti Cristina, es una alegría tremenda poder contar con tu historia y ayudar a que llegue a muchas personas. Tenemos tantísimo que aprender de historias de superación como la tuya. No se nos da la posibilidad demasiado a menudo de conocerlas. Además es que transmites de forma muy clara conceptos un tanto complejos para algunas personas. Ya sabes que te felicito de corazón por ese arranque y ese coraje que tienes.¡Seguimos en contacto, un abrazo!
      Cristina

  2. No es el único que caso que conozco de curarse después de dejar de ir al médico pero no por eso deja de sorprenderme.

    Al médico tengo claro que debo ir lo mínimo, en mi salud mando yo.

    Enhorabuena y gracias por compartir Cristina(s)

    Abrazo

    1. Hola Alvaro, gracias por tu visita y tu comentario. Tenemos formas de enfocarlo bastante parecidas. Enhorabuena por esa determinación y por haber tomado el mando sobre tu propia salud. Si hubieran más personas con esa visión sería todo muy diferente.
      ¡Un saludo!
      Cristina

    2. Hola Álvaro. Considero que no es malo ir al médico en sí mismo.
      Yo estoy agradecida de poder disfrutar, en parte, de los avances en medicina.
      Por ejemplo, a mí me ayudó mucho tener un diagnóstico médico para saber qué enfermedad tenía, qué tejido exacto había afectado, etc.
      Esta información me sirvió para investigar sobre la asociación psicosomática de estos síntomas, para así entender y resolver mis conflictos emocionales.
      Creo que todo puede ser complementario si lo utilizamos bien.
      El problema viene cuando lo dejamos todo en manos de este agente externo convirtiéndonos en un espectador pasivo de algo, que en realidad, es responsabilidad nuestra.
      Por otro lado, en muchos casos la medicina alopática trata el síntoma y la dolencia física de manera aislada sin tener en cuenta todo el conjunto.
      Cuerpo, mente y alma van unidos.
      Dejemos ya de separarlo.
      Mi sugerencia es que, cada vez que tengamos un “síntoma” en uno de estos tres pilares, revisemos los otros tres al mismo tiempo.
      Un abrazo, Álvaro y gracias por tu aportación.

      1. Hola yo tengo una enfermedad similar con dolor insoportables y ando con cojera estoy tomando medicamentos pero ya los disminuir x que tomaba muchos ya los estoy dejando poco a poco aunque el dolor es contanteu7

          1. Hola soy Andrés de Ecuador. En realidad cada palabra tuya fue como una descripción de lo que me pasa. La vida ha Sido un poco difícil. De igual manera tengo estos dolores en las articulaciones. Y también falleció mi hijo. Un día decidí irme empezar a viajar solo. Conoci gente , pero más que nada me conocí a mi mismo. Es verdad tuve tiempo para mí . Y sana varios años. Ahora nuevamente han regresado mis dolores. Y mirando mi alrededor me di cuenta que volví a los viejos hábitos que me hacen daño. Estoy nuevamente en la fase en la que me he dado por vencido .

          2. Hola Andrés, muchas gracia spor compartir tu historia. Lo bueno es que has podido identificar patrones y eso ya te pone en mejor situación para poder tomar decisiones más acertadas. Siento mucho que hayas tenido esos palos en la vida, pero te envío mis mejores deseos para que el dolor se suavice poco a poco y puedas dejar lugar a nuevas alegrías. Un abrazo,
            Cristina

  3. Hola me llamo Mirtha y sufro de dolores horribles en la espalda que parecen latigazos como lo dice Cristina Hortal en su entrevista, hace 6 años atras más o menos me diagnosticaron hernia discal (3) en total, pero no se trata de un simple desplazamiento del disco, que es lo que provoca una hernia discal, sino que los mismos se han secado, por lo tanto la unica solución seria cambiar los discos dañados por prótesis, pero el neurocirugano que me atendía no me recomendaba someterne a dicha cirugía porque la consideraba muy riesgosa. Por lo tanto solo me quedaba aprender a convivir con este dolor. Hace un año 6 meses, entre a trabajar a una empresa de marketing, realizando estudio de mercado y viajando todo el tiempo, me gustaba tanto mi trabajo que prácticamente deje de sentir dolor, si bien no fue totalmente salvo algunos episodios esporádicos y leves, pero hace un mes atrás, tomé la decisión de renunciar a este trabajo,ya me sentia cansada de tantos viajes y problemas que esto me causaba por no estar mucho tiempo en mi casa, hace una semana presente mi renuncia y que creen, el dolor horrible volvio, es como si al terminar la motivación que me mantenía de pie, mi enfermedad me dice, oye, aquí estoy yo contigo, me siento fatal, no hay antiinflamatorio que me ayude, el dolor es intenso y ya no puedo ni moverme, ahora mismo estoy a punto de viajar para cumplir con mi programación final de trabajo antes de dejarlo definitivamente. Es psicologíco? Me pregunto, pero el dolor no lo es, es real, me arde la piel, por lo que coincido con Cristina Hortal al decir que la enfermedad fisica va ligada a lo emocional. Solo quise compartir con uds esta experiencia y mi enfermedad que se bien que mientras yo no cambie por dentro mi estado de ánimo, esto ira empeorando. Un abrazo y éxitos a ambas Cristinas.
    Mirtha Fernandez (40) años, desde Encarnación Paraguay.

    1. Hola Mirtha, gracias por tu visita y tu comentario. Lamento muchísimo que te encuentres en esta situcación, no dudo ni un momento que el dolor sea real y que te sea muy difícil de llevar. Creo que ya tienes unas claves de lo que puede estar ocurriendo (como las “grietas” que comenta Cristina en la entrevista) y quizás te queda recolocarlas y encajarlas para ver la imagen más clara. Y luego afrontarla, claro. Yo sin conocerte ni conocer tu caso se me ocurre que quizás cuando estás trabajando estás tan ocupada que no tienes mucho tiempo de pensar ni de reflexionar, y en cambio cuando estás más desocupada te asaltan algunos pensamientos y emociones que necesitan ser “tratados” y “recolocados” en su sitio. O quizás tienes una necesidad de sentirte “útil” y activa” que podrías reemplazar con alguna actividad aunque no sea necesariamente “trabajo”, como participar en alguna organización como voluntaria, desarrollar un hobby que te apasione y te haga evadirte, o encontrar un grupo con personas afines y hacer actividades.
      Te deseo lo mejor y ojalá vuelva a ver un comentario tuyo contándonos que te encuentras bien y has dejado el dolor atrás.
      Un gran abrazo,
      Cristina

    2. Hola Mirtha. Encantada de verte por aquí!
      Muchas gracias por compartir tu caso y por la apertura mental que te lleva a cuestionarte a ti misma a fondo.
      Sin duda, ese es el camino.
      Carl Gustav Jung dijo: “La enfermedad es un esfuerzo de la naturaleza por curar al hombre”.
      No puedo estar más de acuerdo con esta frase. De hecho, sé que es así. Nadie me lo ha contado, lo he vivido y lo sé.
      Mi enfermedad insistió hasta que yo me decidí a recibir el mensaje y ponerme manos a la obra para curar mi vida.
      Cuando lo hice, la enfermedad, habiendo cumplido su cometido, se marchó sin más.
      A algunos escépticos les puede sonar a magia fácil, pero yo les digo:
      Si estás enfermo de verdad y sufres, y la medicina no te ha dado respuestas, ¿qué pierdes con probarlo? ¿A qué temes?
      No hay nada que perder. Puedes combinar este “tratamiento” con cualquier otro tratamiento médico, no has de dejarlo.
      Además, te puede resultar gratis o muy económico, porque es algo que vas a hacer tú sólo, quizá con un poco de guía a lo sumo.
      En cuanto a tu caso concreto, Mirtha: ¿Qué crees que quiere curar de tu vida la enfermedad?
      Sólo lo puedes saber tú.
      Pero has de ser muy honesta y estar dispuesta a ver las cosas como son y a actuar en consecuencia.
      Está claro que el trabajo te hacía un bien.
      Quizá no era al trabajo a lo que tenías que renunciar para no ir tan cansada. Quizá hay algo que te sobra más que el trabajo (alguna carga familiar, por ejemplo… no sé). Piénsalo.
      Aquí se ponen en juego la moralidad y muchas creencias.
      Yo, cuando hice el “reset” estaba dispuesta a cargármelo todo en mi vida, si era necesario (familia incluida).
      Al final no fue necesario. Pero sí estaba dispuesta. Y esa determinación fue la que me curó. Porque me comprometí conmigo misma de veras y aprendí a ser coherente (y menos políticamente correcta).
      Ya sabes, que podemos hablar más extensamente en privado.
      Un abrazo y gracias por compartir.

      1. Muchas gracias Cristina Hortal. Se muy bien cual es el fondo de la cuestión al igual que tu porque ya te lo he comentado en privado. Sé que tomé la decisión equivocada al renunciar, pero ya es tarde, ya está hecho y no hay vuelta atrás . Ahora solo ne resta enfrentarme a mi misma y resetearme por completo como tu lo hiciste, solo me falta un poco de valor, pero se que lo lograré. Gracias por tu apoyo.

        1. Me alegro mucho de escuchar esto Mirtha. Mucho coraje y adelante. Me encantaría que volvieras por aquí más adelante para compartir (ya sea por privado o aquí a través de un comentario) como ha progresado tu caso. Seguro que será positivo.
          Un saludo,
          Cristina

        2. Bien, Mirtha. En el fondo, no hay equivocaciones. Porque, gracias a este “error” ahora ya sabes más de lo que te hace bien y de lo que no.
          Sigue escuchándote y sigue actuando en consecuencia.
          Siempre hay opciones.
          Puedes encontrar alguna actividad (laboral o no) en la que desarrollarte igual que lo hacías en el trabajo, como dice Cristina Piriz.
          Y, sobretodo, ves eliminando gradualmente lo que sobra en tu vida.
          Vas a ver como realmente “viajas” más ligera y tu salud, inevitablemente, lo va a notar.

          Un abrazo muy grande y gracias de nuevo por tu valiosa aportación.

  4. Magda Mercadal Muntaner

    Hola,estoy diagnosticada de espondilitis anquilosante,tengo unos dolores muy fuertes,lo curioso de mi caso es que los tengo muy fuertes cuando estoy trabajando,no sé que me pasa,me puede ayudar Cristina?no sé qué hacer ,mi trabajo es autónomo y lo de las bajas va fatal.

    1. Hola Magda, gracias por tu visita y por tu comentario. Me entristece escuchar que te encuentras en esta situación y que te está siendo difícil sobrellevar los dolores y tu vida profesional. No dudo que Cristina Hortal podrá ayudarte y guiarte desde su experiencia. Por mi parte, si puedo ser de ayuda, por favor escríbeme a través de la página de contacto del blog.
      Eres muy valiente, estoy de acuerdo totalmente, un abrazo y mis mejores deseos de recuperación.
      Cristina

    2. Hola Magda, gracias por escribir. No sé exactamente a qué Cristina diriges tu pregunta. Por mi parte, yo te puedo ayudar a hacer lo mismo que hice yo, te puedo enseñar cómo hacerlo.
      Sin embargo, la que se va a curar eres tú a ti misma, con lo que va a ser necesaria una determinación por tu parte. Que estés decidida y te comprometas a mover ciertas creencias, actitudes y acciones en tu vida.
      Contáctame por privado a contacto@cristinahortal.com
      Un abrazo, eres muy valiente.

      1. Josefadelarosasilva

        Llevo cuatro años con la enfermedad me hice varias sesiones de indiva y me han hecho pruebas y dicen que se me ha dormido la enfermedad

        1. Hola Josefa
          Celebro que el tratamiento haya mejorado en cierto modo tu situación. Si te encuentras bien, estupendo.
          En mi opinión, nada es casualidad y nada ocurre sin la responsabilidad propia. Es decir, no creo que te encuentres mucho mejor meramente por el tratamiento.
          Es posible que también hayas hecho algún cambio personal importante, aunque éste haya sido de forma más o menos inconsciente.
          ¿Puede ser tu caso? Estaría bien que lo reflexionaras y, si quieres compartirlo con nosotras, un placer :).
          Saludos y, de nuevo, enhorabuena por tu mejora.

  5. Te confieso que es la primera vez que leo sobre esta enfermedad, lidiar cine enfermedades que no tienen cura es un sufrimiento doble por que estarás vino dicha enfermedad toda tu vida.
    La genética hoy en día juega un papel muy importante, pero lo único malo de la genética es que muchos padres padecen de alguna enfermedad y no lo saben hasta después de tener los hijos. La entrevista esta muy bien estructurada para aquellos que no conocemos esta historia de cerca.

    Saludos.

    1. Hola Alejandra, gracias por tu visita y tu comentario. Yo tampoco conocía esta enfermedad antes de encontrarme con el caso de Cristina Hortal. Creo que es importante que hagamos una distinción: que no exista “cura conocida por la ciencia médica” no quiere decir que no exista “cura” propiamente dicha. No dudo que un diagnóstico con estas características pueda resultar aterrador de entrada. Pero creo que no se puede uno rendir “por diagnóstico”. Tampoco uno puede asumir cosas puramente “por genética”. Siempre hay alternativas y siempre habrán nuevas respuestas a nuevas preguntas. Me alegro que te haya gustado la estructura de la entrevista, he intentado mostrarla en una secuencia lógica y entendible.
      Un saludo,
      Cristina

    2. Hola Alexandra.
      Gracias por aportar tu impresión al respecto.
      La mía, desde mi experiencia, es que no existen las enfermedades sin cura. Existen las mentes condicionadas y limitadas para concebir nuevas alternativas.
      Pero la mente es plástica y esos límites se pueden traspasar.
      La genética, predispone, no sentencia.
      Y en general, lo que puedo sugerir a quién quiera oírlo, es que utilice la medicina para el diagnóstico, también para paliar síntomas en caso necesario, y quizá para algunas intervenciones.
      Sin embargo, empiece a ir tirando a la basura los pronósticos.
      Confundimos a menudo diagnóstico con pronóstico.
      Y eso nos conduce a asumir un papel pasivo y víctima de nuestra enfermedad, cuando en realidad tenemos el derecho de adoptar un papel activo y protagonista.
      Gracias por tu aporte y generar un diálogo tan interesante. Saludos.

  6. Hola!
    Me siento muy identificada!!
    En mi caso, tengo diagnosticada la enfermedad de ” esclerosis múltiple” , pero llevo sin tener ningún brote ni molestia desde hace 6 años.La curación, yo prefiero llamarla sanación porque abarca al ser en su totalidad, es posible, aunque haya muchos incrédulos que se rigen sólo por lo que pueden concretar o materializar.
    Doy fe de ello , y en breve Cristi me va a entrevistar y contaré mi experiencia con más detalle para la ayuda de quien esté enfermo o quiera prevenir la enfermedad.Gracias por el testimonio.

    1. Hola Dolce, muchas gracias por tu visita y tu aportación. Tengo la suerte de conocer tu caso y sé que compartir tu experiencia va a ser también muy enriquecedor para muchas personas. Poco a poco y caso a caso vamos a mostrar esa parte sobre la que todavía hay demasiada sombra: la capacidad del cuerpo de sanar cuando se le da el entorno y las condiciones necesarias. Y haces muy bien en apuntar la direferencia entre “curación” y “sanación”. En la entrevista anterior con María José utilice el término “curación”, pero ahora me he corregido porque como bien dices la “sanación” abarca la totalidad de la persona.
      Un abrazo,
      Cristina

  7. Hola Cristina,

    Aunque sé también de otros casos y cada vez soy más consciente de la importancia de la mente a la hora de “curarnos” a nosotros mismos, no puedo sino dejar de maravillarme con la historia de Cristina.

    La verdad es que el mensaje resulta inspirador, en cualquier ámbito de la vida, no sólo en la salud. Hay que ser más responsables de nosotros mismos y de nuestras vidas. Tomar las riendas y hacer las cosas a nuestra manera, alineándolas con nuestros valores e ideales.

    Muchas gracias a las dos por compartir,

    Un saludo.

    1. Hola Conchi, muchas gracias por tu visita y tu comentario. Te entiendo perfectamente, a mí me ocurre parecido. Aunque mi mente cada vez lo entienda mejor, no deja de maravillarme conocer casos como el de Cristina. La verdad es que además es muy empoderardor saber de estas historias. Nos abre todo un universo nuevo de posibilidades, y eso es también muy esperanzador. De qué seriamos capaces si nadie se hubiera ocupado de explicarnos nuestros límites, me pregunto yo… 🙂
      ¡Un saludo!
      Cristina

    2. Hola Conchi, celebro de verdad que te inspire.
      Lo cierto es que yo tampoco puedo dejar de maravillarme del poder que permanece oculto en nosotros y acumulando polvo.
      Como bien dices, esto es aplicable a todo.
      Experimentemos, probemos, no demos nuestros límites por hecho.
      Como dice Cristina, ¿Quién sabe de qué somos capaces?
      Es emocionante, la verdad.
      Abrazos y gracias por comentar.

  8. Hola Cristina, no dudo para nada de la veracidad de tu testimonio, pero como farmacéutica (bloguera, pero farmacéutica), hay algunas cosas que no me cuadran; por ejemplo, el hecho de que tardasen tanto tiempo en darte un diagnóstico, cuando con un análisis de sangre, pides la determinación de los parámetros indicadores de inflamación, anticuerpos y demás, …, y no te voy a decir, blanco y en botella, pero el médico debe orientarse bastante con esos datos.

    Tú al igual que yo, sabes que la espondilitis en una enfermedad autoinmune, teóricamente no te abandonará nunca (eso es el planteamiento de la medicina oficial). Sin embargo, cada día es más evidente, y hay mayor número de estudios que indican que el cuerpo y la mente es un todo.

    Me asombra (te creo sinceramente) que esa conexión cuerpo-mente, ante un cambio radical en tu vida, fuese capaz de devolver la salud a tu sistema inmune y decirle “eh, dejadla ya, que ya vuestros ataques a sus articulaciones no sirven de nada).

    Te repito, que me alegro por tí, conozco gente que tiene la misma enfermedad y bueno, la sobrellevan como pueden, y aunque me parece un caso un “tanto raro” (que no falso), a la vista de tu narración es evidente que tu fuerza mental, pudo controlar el funcionamiento de tu sistema inmune y de ahí, que la enfermedad haya desaparecido.

    Un afectuoso saludo

    1. ¡Hola Adela Emilia! Muchas gracias por tu visita y tu comentario. Me gusta especialmente tu aportación porque enriquece el tema que hemos tratado, le da un punto de vista del lado oficial, por decirlo así. Creo que tampoco Cristina Hortal tiene todas las respuestas, como comenta en la entrevista sólo tiene la experiencia. Por lo demás yo personalmente apuesto más por el “creer para ver” que el “ver para creer”. Ya sé que es todo lo contrario de lo que la ciencia oficial promueve. Pero no me cabe duda que los seres humanos tenemos un potencial del que no somos conscientes y si no creemos nunca veremos, nos pasará desapercibido. Si Cristina se hubiera quedado con su diagnóstico y hubiera aceptado su condición como le fue presentada (para siempre) hoy no estaría contándonos su historia de sanación.
      Un saludo y un abrazo,
      Cristina

    2. Hola Adela Emilia
      Coincido con Cristina en que es muy interesante que se genere este pequeño debate entre las distintas maneras de ver esto.
      En cuánto a lo que comentas que te sorprende: El tiempo medio que se tarda en diagnosticar una espondilitis es entre 7-8 años.
      Yo presenté los primeros síntomas a los 20 años y tenía 27 cuando me la diagnosticaron.
      El reumatólogo siempre me dijo que era un caso de manual porque cumplía con todos los supuestos. Este de la demora media en diagnosticar, también.
      Después de mi recuperación he conocido personalmente 4 casos más y también tardaron un mínimo de 6 años en obtener un diagnóstico.
      Durante los años en que estuve vagando por las consultas médicas, no me hicieron dicho análisis, sino que me hacían distintas pruebas de imagen (radiografías, resonancias y TACs).
      Al parecer me las hacían en las vertebras lumbares (porque el dolor irradiaba en esa zona y yo era lo que les indicaba) y la lesión se encontraba en las articulaciones sacroilíacas.
      Así que no dieron con la lesión hasta que, a raíz de sufrir una uveitis, me hicieron el análisis de sangre buscando el gen HLA-B27, di positivo, exploraron la zona concreta de dolor y rigidez y, entonces sí hicieron la prueba de imagen en la zona acertada.
      Allá vieron la lesión en ambas articulaciones, más grave en la izquierda.
      Y hasta aquí la explicación de la demora en el diagnóstico que, como digo, es más que habitual.
      En general, no es un caso raro, es un caso muy común de espondilitis.
      Lo “raro” (al menos de momento) es que me haya curado.
      Nos iremos acostumbrando a esto en los próximos años, estoy segura.
      El ser humano necesita saber que es posible hacer algo para hacerlo masivamente. Se van a multiplicar los casos. El paradigma está cambiando.
      Sé que en parte, esto no gusta. Lo comprendo. Pone en tela de juicio tantos pilares de nuestro sistema en general… En especial el médico.
      Por si las dudas, no estoy en contra del sistema médico. Lo cierto es que es útil, pero ha de empezar a contemplar al ser humano, como bien dices Adela Emilia, como un todo inseparable.
      Los sistemas inmunológico, nervioso y endocrino se relacionan entre sí.
      A mi entender, ¡las hormonas de la felicidad hacen milagros!
      En fin, gracias por generar este rico diálogo.
      Y, por cierto, si conoces personas espondilíticas, puedes hablarles de mi caso. Como digo, el ser humano necesita saber que se puede hacer algo para que su cerebro se ponga a ello.
      Un abrazo.

    1. Hola Raquel. Sí, según el paradigma actual (cada vez menos actual). En unos años no nos sorprenderá tanto oír casos como el mío.
      Creo sinceramente que a las generaciones futuras les parecerá de ciencia ficción que creyéramos que el cuerpo se enfermaba sólo y que nosotros no teníamos nada que ver.
      ¡Supersticiosos, nos llamarán!
      Celebro que te haya gustado. Abrazos.
      Y a ti, Cristina, darte las gracias por invitarme a tu blog y de verdad, animarte a que sigas divulgando estos casos, que los hay.

  9. Maravillosa entrevista. Yo hace diez años que dejé atrás mis fuertes crisis de migraña casi constantes. Cuando hay un caso de remisión espontánea no hay un milagro detrás, sino un gran trabajo intrapersonal. Muchas gracias por difundir que otra vida sin dolor es posible. La compartiré entre mis contactos. Tened un buen día.

    1. Gracias Sefora por tu comentario. Me siento feliz de esta pequeña serendípia (haber coincido contigo de la manera más casual) y descubrir que somos muchos.
      Es curioso, pero al principio de recorrer este camino uno se siente muy sólo y, a medida que va andando, se encuentra con compañeros de camino.
      Ocurre con todos los recorridos vitales que merecen la pena.
      Un gran abrazo.

    2. Hola Séfora, gracias por tu visita y tu comentario. Me alegro de que te haya gustado la entrevista y muchas gracias por compartir 🙂 He entrado a ver tu web y creo que estás haciendo un magnífico trabajo y muy intereante además. Definitivamente hay un gran trabajo intrapersonal detrás de casos como el tuyo o como el de Cristina Hortal, es admirable realmente y tenemos mucho que aprender de vosotras.
      ¡Que tengas un buen día también!, un abrazo,
      Cristina

  10. Hola buenas tardes,
    Mi mamá ya tiene mas de un año padeciendo esa enfermedad, un neurólogo la ha visto y le indico un estudio donde le ponen agujas en toda la espalda para ver su sensibilidad y según lo que salga en el estudio, verá si es conveniente hacerle cirugía o no, ha visto muchos médicos y tomado muchos medicamentos, no ha querido cambiar su alimentación al cien. Crees que con la cirugía pueda mejorar? o que mas me recomiendas para ella?
    Muchas gracias y saludos.

    1. Hola Ene, muchas gracias por tu visita y tu comentario. Siento mucho que tu mamá padezca esta enfermedad, la verdad es que yo personalmente no me atrevería a hacer recomendaciones porque no tengo el conocimiento. No sé si Cristina Hortal podría desde su experiencia decirte más sobre las opciones que planteas. Os envío mis mejores deseos a ti y a tu mamá así como un abrazo fuerte,
      Cristina

    2. Hola Ene
      Disculpa mi tardanza en contestar.
      La visión y experiencia que tengo yo de esta enfermedad, es distinta. Me centré en la parte emocional y pude revertirla así. En cuánto a los procedimientos más convencionales y alopáticos, no puedo decirte.
      En mi opinión, el origen del problema está en un conflicto emocional no resuelto. Soy consciente que para ir hacia esa raíz hace falta romper muchos viejos paradigmas, y tomar el 100% de responsabilidad de la salud propia. No sé si sea el caso de tu mamá.
      La cirugía, la medicación, etc. (según yo lo entiendo) son útiles para reparar lo que ya está dañado, pero hay que ir al origen para dejar de seguir provocando el mal. En caso contrario, la cirugía no será una solución definitiva, sino provisional.
      Para mí lo ideal es combinarlo todo: servirse de la cirugía o medicación (según el caso) para reparar o soportar lo que ya está dañado y, de forma paralela, hacer un trabajo de autoconocimiento profundo y sanación interna.
      En cuánto a la alimentación, también ayuda. Y se trata de algo menos invasivo y que depende más de la propia persona. Creo que hacerse cargo de la propia salud y del estilo de vida, es crucial. Sin embargo, para mí lo ideal sería también combinarlo con el trabajo interno.
      Espero haberte ayudado. Un saludo.

  11. Hola Cristi, un saludo desde Suiza, soy cubano solicitante de asilo, desde hace unos 3 años, primeramente decirte que me gusta mucho tus pasajes y tus decisiones para salir de tu enfermedad. Por mi parte comentarte que me diagnosticaron esta enfermedad hace mas o menos dos años y algo, en ese tiempo me sustrajeron liquido de mis rodillas inflamadas y me suministraron un esteroide (cortisol) lo cual me provoco se me disparara la azucar (Diabetes) en verdad mejore hasta ahora que llevo como tres meses de suplicio con inflamación y mucho dolor, he seguido muchas de tus publicaciones y creeme que me siento muy optimista en saber que alguien puede superar este mal tan devastador y poder brindar ayuda a otros.
    Realmente me siento muy afectado ya que me vine con mi familia a comenzar de cero una vida diferente y mejor, pero ahora me siento que les he fallado y no puedo hacer realidad mis sueños, no ha sido fácil para mi ser una carga sin poder aportar ni crear bines para los que tenia ideas seria mi vida desde mi llegada, no quiero continuar hablando de mi enfermedad ya que otros terapeutas han sugerido no hablar de la enfermedad ni para contarla y es algo que no quisiera violar, solo que me diagnosticaron esta y ahora estoy en crisis mucho peor que la primero vez, después de haber leído muchos de tus apuntes me siento muy motivado a hacer cosas similares, como también se que cada cual tiene su propio enfrentamiento, he tratado de buscar la causa, pero quizás no soy consciente de ellos y no encuentro las herramientas para usarlas, toda mi vida he sido una persona muy fuerte y sana, he enfrentado emocionalmente muchas cosas, pero no se cual seria la causa de mi frustración o sufrimiento, por eso quisiera me dedicaras un espacio para ayudarme a entender y enfrentar la enfermedad. Como solicitante de asilo no tengo muchas prerrogativas me recetaron un monoclonal humano llamado HUMARA con un costo muy alto para nosotros, siguiendo la tradición que llevaste no usaste ningun medicamento para tu enfermedad cosa que quisiera poder conseguir pues estoy tomando unas 16 pastillas diarias, mi estómago esta a punto de colapsar y no quisiera tener otra cosa mas en mi organismo.
    En espera de tu recomendaciones Rolando.

    1. Hola Rolando, muchas gracias por tu visita al blog y tu comantario, y sobre todo por la valentía con la que compartes tu historia. Seguro que Cristina Hortal podría aportarte más luz a tus preguntas. Por mi parte desearte lo mejor, tanto con la situación de asilo como con el dolor. Un gran abrazo,
      Cristina

    2. Hola Rolando. Gracias, como dice Cris, por tu valentía de compartirnos parte de tu dolor.
      Sé que duele y cómo duele, tanto el cuerpo como la frustración de tus limitaciones y tus expectativas rotas. Lo sé muy bien y sé que uno se siente envuelto en una oscuridad ineludible. Lo sé amigo.
      Lo que descubrí y se convirtió en mi mensaje para ti y otros como tú, es que ya había presente en tu vida un dolor más sutil y más hondo en tu alma antes de que apareciera la enfermedad. Aunque no quisieras verlo o escucharlo. Y la enfermedad no es más que lo que le sigue a esto.
      Uno lo vive como que la causa de su mayor dolor y sufrimiento es la enfermedad (porque fue lo más evidente, lo más observable).
      Y yo te digo: Ésta sólo fue la manifestación de lo que se estaba fraguando en el interior, en el inconsciente.
      Es más: Esto puede ser la (única) oportunidad de sanar de verdad, de curar heridas a niveles profundos y que te han acompañado de siempre. Tanto que ni las ves normalmente, porque se convirtieron en parte de ti. Es el momento de revisar de verdad.
      Y a esa sanación, le sigue la sanación del cuerpo.
      Pero no es algo que haces sólo para aplacar los síntomas.
      Lo haces porque ya comprendes que tú has tenido responsabilidad en cada momento de dolor y sufrimiento en tu vida, y te comprometes a cuidar de ti mejor que hasta la fecha. En todos los aspectos.
      Esa sanación es mucho más y mejor que sólo dejar los síntomas atrás. Es reconciliarte contigo, conocerte, ganar en libertad, vivir en paz, recuperar la frescura y espontaneidad de tu infancia, sentirte más tú que nunca, ver claro a dónde quieres ir y hacerlo a pesar del miedo…
      Y mucho más.
      Eso se va a reflejar en los aspectos más físicos: relaciones, abundancia y salud.
      Sé que parece imposible, pero yo pude. No tengo dolor, no tengo limitaciones y, por supuesto, no me medico (y yo sí llegué a inyectarme HUMIRA durante tiempo y de más tratamientos).
      Y, como digo, ese no fue el mayor de los regalos.
      Sólo puedo animarte a que estés dispuesto a conocerte, a ahondar en ti y que dejes de buscar soluciones fuera de ti mismo.
      Te sugiero, si te apetece que estés atento a este post, porque en breve Cris y yo vamos a añadirle una charla hablada en la que aclaramos dudas comunes, como las tuyas. Así que vuelve a visitar este post o ponte en contacto conmigo (contacto@cristinahortal.com).
      Un abrazo y gracias de nuevo por tu comentario.

    1. Hola Francisco, gracias por tu visita, y tu comentario. Y gracias por compartir. Lo siento de verdad. Espero y confío que puedas encontrar la forma de paliar el dolor, o hacerlo más llevadero con el tiempo. Un fuerte abrazo,
      Cristina

  12. Hola, que bueno encontrar esta entrevista. Llevo un tiempo con algún tipo de artritis reumatoide, estoy sin diagnóstico, ya que por la actual situación de sanidad que no tiene afectados no puedo conseguir atención médica, como menciono estoy sin diagnóstico, por lo tanto también sin tratamiento formal, ya que comencé a ayudarme con un producto que se llama CBD, esto me ha ayudado a mantener el dolor mayormente controlado. Pero soy consciente de que si no trato la raíz del problema esto avanzará y tal vez ya no pueda “retroceder” y/o detener su proceso. Es la parte central de la columna lo que duele en forma habitual, y hay algunos días (me afectan las temperaturas bajas) que puedo agregar otras partes(tobillos, muñecas, dedos de manos, los pies, huesos en las piernas, rodilla.. Vaya, algunos días es todo, incluida la cabeza). Bueno, desde hace años que no recurro a la medicina tradicional, y he conocido otras terapias que me ayudan a mantener un equilibrio (meditación, reiqui, relajación a través del control de la respiración). Pero desde hace un tiempo hay algo que me impide poder tener ese control, y no logro encontrar la raíz. Estoy comenzando a leer sobre la biodescodificación y así encontré esta muy interesante entrada. No quiero recurrir a tratamientos químicos o biológicos que no me conducirán a algo bueno. Y me ha interesado mucho la información que comparte aqui Cristina Hortal, no puedo saber específicamente que tipo de artritis padezco, pues además de los huesos tengo una especie de cansancio o fatiga crónica, que me invalida algunos días en la semana. Se que esta en relacion a la desvalorización (desde la BD). Me gustaría saber si hay algún tips que me ayude para facilitar este auto conocimiento, tal vez como llevar una guía, o una especie de diario (o cuaderno de apunte) para mantener un orden o no olvidar lo que se va descubriendo. Deseo mucho partir este auto tratamiento, autodescubrimiento. Agradeceré lo que me sugieran.

    1. Hola Andrea, lamentablemente yo no sabría cómo ayudarte. Te deseo que encuentres tu camino para lograr mejorar tu salud. Un abrazo fuerte y gracias por compartir tu testimonio, creo que aporta mucho a la conversación y puede ayudar a más personas en la misma situación.
      TYe deseo lo mejor,
      Cristina

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